Vivimos en una era donde la ciencia ficción se ha convertido en rutina. Desbloqueamos el teléfono con la mirada, accedemos al gimnasio con la huella dactilar o damos órdenes de voz a nuestros asistentes virtuales. La comodidad es innegable, pero detrás de esta facilidad de uso se esconde uno de los desafíos de seguridad más complejos del siglo XXI: la gestión de los datos biométricos.
A diferencia de una contraseña alfanumérica, que puede restablecerse en segundos si es vulnerada, los datos biométricos son inmutables. No puedes cambiar tus huellas dactilares, tu iris o la geometría de tu rostro. Si esta información cae en manos equivocadas o no se destruye adecuadamente cuando deja de ser necesaria, el daño a la identidad de la persona es permanente e irreparable.
En Elimina, sabemos que la protección de datos no termina en el firewall. En este artículo, analizamos la legislación vigente, los riesgos del uso indebido en empresas y por qué la destrucción certificada de los soportes que almacenan esta información es la única salida segura.
¿Qué son exactamente los Datos Biométricos?
Para entender el riesgo, primero debemos definir el activo. Los datos biométricos abarcan información única sobre características físicas o comportamientos de una persona. Esto no se limita solo a la huella dactilar; incluye el escaneo del iris, el reconocimiento facial e incluso patrones de voz.
Bajo la lupa de la legislación actual en España, regida por la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales (LOPDGDD) y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), esta información no es un dato cualquiera. El tratamiento de datos biométricos se considera una categoría especial de datos personales.

Esto implica que su procesamiento está sujeto a restricciones mucho más severas que las de un nombre o un correo electrónico. Para tratar legalmente estos datos, las organizaciones deben cumplir requisitos estrictos como obtener el consentimiento explícito del individuo y adherirse férreamente a los principios de transparencia, minimización de datos y seguridad.
El Filo de la Navaja: Uso Correcto vs. Uso Incorrecto
La tecnología biométrica es una herramienta poderosa, pero su implementación debe ser quirúrgica. No todos los usos son éticos ni legales.
El Uso Legítimo: Seguridad Personal
Un ejemplo de uso correcto y ampliamente aceptado es la autenticación biométrica para el acceso seguro a dispositivos móviles, computadoras y aplicaciones personales. En este escenario, el reconocimiento facial o dactilar verifica la identidad del usuario para proteger su propia esfera privada, garantizando la seguridad de sus datos personales frente a terceros.
Aquí, el beneficio de seguridad supera al riesgo de privacidad, y el control suele permanecer en el dispositivo del usuario.
La Zona Roja: El Control Laboral
El escenario cambia drásticamente cuando trasladamos esta tecnología al entorno corporativo. El uso de datos biométricos, como la huella dactilar o el reconocimiento facial, para fichar en el trabajo y controlar la asistencia es una práctica que ha generado serias preocupaciones de privacidad.
Aunque para la empresa puede resultar conveniente y futurista, la recopilación y almacenamiento de estos datos con fines de control de asistencia podría vulnerar los derechos fundamentales de los trabajadores si no se realiza conforme a la legislación.
La Postura de la AEPD: Un Aviso a Navegantes

Si tu empresa está pensando en instalar un torno de acceso con reconocimiento facial, debes detenerte y leer esto. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha marcado una línea roja muy clara.
En su Resolución Provisional del Expediente PS/00027/2019, la AEPD concluyó que el uso de sistemas de reconocimiento facial para controlar la asistencia de los empleados vulnera el principio de proporcionalidad. La agencia determinó que este método es excesivamente intrusivo y no respeta el consentimiento informado y explícito requerido por la normativa.
Esta decisión representa un hito significativo en la regulación española. Envía un mensaje contundente: la comodidad administrativa no justifica la erosión de la privacidad biométrica. Las empresas deben asegurarse de cumplir con todas las obligaciones legales y obtener consentimientos inequívocos antes de capturar la «cara» de su plantilla.
El Desafío Final: La Destrucción de la Huella Digital
Supongamos que una empresa ha recopilado datos biométricos legalmente (por ejemplo, para acceso a áreas de alta seguridad) y, tras un tiempo, esa base de datos deja de ser necesaria o los empleados abandonan la compañía. ¿Qué ocurre con esa información?
Aquí reside el riesgo silencioso. Los datos biométricos no flotan en el aire; se almacenan en servidores, discos duros y sistemas de copias de seguridad. La responsabilidad de las organizaciones es garantizar que el tratamiento (y la eliminación) de estos datos se realice de manera transparente y segura.
Si un disco duro que contiene patrones de iris o mapas faciales se desecha sin ser destruido físicamente, esos datos pueden ser recuperados. Y como hemos mencionado, una persona no puede cambiar su cara como cambia una contraseña. Una filtración aquí es una condena de por vida.
Solo mediante el respeto absoluto a la privacidad y la seguridad de los datos biométricos se puede mantener la confianza en la tecnología moderna. Esto incluye, obligatoriamente, la destrucción certificada de los soportes físicos que alojaron dicha información.
Conclusión: Protegiendo la Identidad Irremplazable
La protección de los datos biométricos en España es una cuestión de máxima prioridad tanto para individuos como para organizaciones. Es crucial comprender y cumplir con la legislación aplicable (LOPDGDD y RGPD) y adoptar prácticas responsables.
Al final del día, garantizar la confidencialidad y seguridad de la información biométrica es la única forma de preservar la privacidad de las personas en el mundo digital. En Elimina, entendemos que cuando destruimos un soporte de almacenamiento que contuvo datos biométricos, no estamos destruyendo solo un archivo; estamos protegiendo la identidad física de una persona.
¿Tu empresa almacena datos biométricos en servidores antiguos o discos duros en desuso? No corras el riesgo de exponer la identidad de tus empleados o clientes.